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El hijo de esta madurita sufre el robo de su comida por el vecino, que travieso y medio loco se dedica a hacerle la vida imposible hasta que la chica se entera, momento en que toma cartas en el asunto.

La madurita decide castigar al chico con unos azotes, pero al contrario de hacerle sentir mejor le ponen cachonda notando la dureza del culo del chico, hasta no poder aguantar la necesidad de masturbarse abriendo bien el coño y terminando por follarse al vecino travieso, que se ha llevado una hamburguesa y el coño de esta rubia cachonda.