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Sentía ya desde hacía tiempo cierta curiosidad por el amigo de mi hijo, que notaba cuando llegaba a casa que me miraba de forma lasciva, buscando en mi ropa las curvas que tanto deseaba y que sin duda, me apetecía entregarle.

Espere un día a que mi hijo se fuera a entrenar y llame a Daniel, que vino rápidamente a casa curioso por lo que tenía que decirle. Y no era decirle si no enseñarle, pues mi coño ya estaba húmedo y totalmente al aire libre dispuesto para que en cualquier momento su polla hinchada por la excitación quisiera entrar, cosa que no tardo mucho en penetrarme y que finalmente me sacio la curiosidad de ver como follaba este chico, algo que sin duda volveré a repetir.