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Mi amigo y yo habíamos hecho una apuesta ya que los dos decíamos que teníamos una habilidad innata para el billar, apostando que por cada vez que entrara una bola el otro se quitaría una pieza de ropa, y por el momento iba perdiendo por bastante.

Cuando el juego estaba en su punto álgido y él iba sobrado metiendo bola a bola decidí pasar a la acción y finalmente terminar la sesión antes de que me humillase, quitándome finalmente el picardias y dejando que disfrutara de la visión de mis enormes tetas, momento en que se excito y se lanzo sobre mi para que disfrutara de su polla.