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Estaba harta de ser la secretaria de un crío que siempre estaba intentando abusar de mi, por lo que finalmente cedí a sus expectativas, ávidas siempre de probar mi coño y aunque me había resistido siempre con su influencia me puso el ultimátum de bien follar, o bien a la calle.

La cosa acabó finalmente muy mal para él, por que cuando llegamos a la oficina y comenzó a lamerme los pezones mientras me desnudaba yo me dispuse a sumergirme en un mundo totalmente ajeno a la realidad, esperando no disfrutar del momento en que comenzará a penetrarme sin descanso, algo que finalmente hizo y que realmente conseguí, no sentir ni la penetración ni llegar al orgasmo, mientras el chico intentaba meter su polla mas profundamente para intentar conseguir que disfrutara.