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La rubia madurita no tiene ninguna duda en hacer saber al amigo de su hijo que no tiene que gastarle bromas tan pesadas como quitarle su cena y tirarla al suelo, subiendo al chico a su habitación.

Finalmente tras darle un castigo con unos azotes a su culo, esta se pone tan caliente que finalmente decide masturbarse con la intención de quitarse esa necesidad, aunque finalmente se lanza a los placeres de la polla del joven castigado, quien finalmente obtiene una recompensa por su mal acto.